Muchos se
acercaban para tocarla porque les parecía
bonita, pero los adultos los alejaban explicándoles
que se podrían contagiar. No saben que
esto no es posible en las personas que se bañan
diario.
Yo la vi y
me enamoré de ella. La recogí y
la llevé al veterinario de
Prodan, en donde la bañaron y la curaron.
Me la dieron al día siguiente. Sus patas
estaban lasceradas de tanto caminar, su cuerpo
casi no tenía pelo, sus ojos tenían
una infección que tardó dos meses
en sanar, pero era tan linda y, a pesar de todo
ese sufrimiento, tan cariñosa y bien portada,
que dudaba entre darla en adopción o quedarme
con ella.
Dijo el veterinario
que seguramente tenía más de dos
meses de estar en la calle, y su edad era de un
año.
Sufrió
mucho, pero ahora puedo decir que Frida Violeta
tiene una vida que ya la quisieran muchos perros,
es vivaracha, brincona, cariñosa, y siempre
que ladra, despega sus cuatro patas del suelo.
Tardó más de tres meses en recuperar
su pelo, pero ahora tiene un pelito suave y hermoso.
Es una crucita de French minitoy y maltés,
todo un tesoro.
Mis hijos
tienen sólo un nombre, pero mi perrita,
como nunca tendrá que escribir el suyo,
tiene dos: Frida Violeta."