Historia de Skip
 

"Hace tres años, al final de un pésimo día de trabajo, me encaminé al estacionamiento y vi abajo de mi carro una especie de estropajo como los que se usan para limpiar los carros, de color gris con ciertos tonos cremas.

Cualquiera lo hubiera ignorado.Pero al abrir el carro, se movió, realmente me sorprendió ver cómo salía con movimientos muy, muy lentos un perrito de unos 40 centímetros, con el poco pelo que tenía lleno de marañas, con grasa negra, sucio, con partes de la piel sin pelo, con los ojos ocultos detrás de un largo copete. Sus movimientos fueron tan lentos que transcurrieron algunos minutos hasta que se alejó. Hubo compañeros de trabajo que me dijeron que no me le acercara, de hecho, la doctora responsable de Seguridad e Higiene, me alertó: "Te puede morder, no lo toques".

Esa noche no pude dormir recordándolo, al día siguiente, le compré hígado guisado y se lo llevé al estacionamiento, lo busqué abajo de cada uno de los carros hasta que lo encontré. Al momento de hablarle, comenzó a gruñir, creí que no tenía ojos y que se había alertado con mi voz, nuevamente comenzó a caminar de lado, débil, muy débil y casi a punto del desmayo.

Al siguiente día, me armé de valor y pedí a mis compañeros que vivían por la zona me llevaran por un veterinario. Durante la hora de comida fuimos a buscarlo. Cuando le dije que era un perro de la calle y que deseaba ayudarle, este tipo me solicitó por delante 400 pesos y me dijo que me cobraría otros 400, además de lo que fuera saliendo, me parece que abusó de mi estado anímico, finalmente acepté sin decir ni pío.

Fue a recogerlo esa tarde y lo buscamos cuatro personas a través de todos los carros y no lo localizamos, me acerqué con el vigilante y me dijo que no lo había visto salir, que probablemente estuviera con el vigilante de la construcción que se encontraba en la parte de atrás de la planta, que en ocasiones se quedaba cerca para recoger las migajas de su comida.

Me acerqué a la construcción y ahí estaba, moribundo, deshidratado, cuando me acerqué, ni siquiera gruñó, al cargarlo el veterinario y colocarlo dentro del kennel, me pareció que fue un alivió para él, fue un descanso tener sombra, aunque fuera detrás de barrotes, después de estar a la intemperie de más de 40°C.

El veterinario me dijo que iba a ver qué podía hacer por él, pero lo veía muy deshidratado. Al día siguiente fui a recogerlo. Mi esposo, que estaba en contra de tenerlo en el pequeño departamento en el cual vivimos, no paró de decirme que no me permitiría tenerlo en casa. Cuando por fin lo vimos, mi esposo de inmediato comenzó a llorar.

Era un esqueleto pequeño, encorvado y sin pelo (lo habían rapado), que no tenía fuerza para permanecer de pie. El médico me dijo que si pasaba los dos próximos días seguramente sobreviviría, la edad que le tanteó fue de no menos de 7 años. Durante los dos siguientes días lo estuvo monitoreando cada 2 horas. Al principio no quería comer, con el paso de las horas, empezó poco a poco, y finalmente pasaron los dos días.

Hoy tiene más de tres años con nosotros, cuando llegamos y ponemos la alarma al carro, a pesar de vivir en un tercer piso, él comienza a ladrar y a asomarse por la ventana y nos recibe feliz, nos pide que lo llevemos a pasear lo cual es parte de nuestra rutina desde que decidimos adoptarlo.

En enero adoptamos a otro pequeño llamado Willy de un año aproximadamente, él le inyectó alegría y juventud a Skip, se nota que se quieren mucho, se lavan entre ellos sus caritas, juegan, pelean, comparten su comida y hasta la cama.

Ambos forman parte de nuestra familia, tienen un lugar muy especial en nuestros corazones, siempre están incondicionales en espera a la más mínima señal de cariño hacia ellos. Ellos nos reciben siempre felices, nos hacen olvidar los malos momentos que pasamos a lo largo del día.

Puedo decirles que Skip y yo tenemos una comunicación que en muchas ocasiones es mejor que la que tenemos con otras personas. Willy es alegre, pícaro, en ocasiones travieso, muy, muy cariñoso. Son nuestra felicidad"

YAZMIN RODRÍGUEZ


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